Puerto Rico y su complicada relación con EE.UU.: ¿qué significa ser un Estado Libre Asociado?

Los reclamos independentistas no han cesado desde los días del dominio español y continúan en épocas de control estadounidense.

El 23 de septiembre del 2005, más de 200 agentes del Buró Federal de Investigaciones (FBI) de Estados Unidos ingresaron a Puerto Rico. Apenas habían concluido los actos conmemorativos del ‘Grito de Lares’, que rememora la insurrección popular puertorriqueña contra el Reino de España en 1868.

Los agentes, entre los que se contaban 20 francotiradores, rodearon una casa en el municipio Hormigueros (oeste), donde se encontraba el líder independentista Filiberto Ojeda Ríos, fundador del Ejército Popular Boricua Los Macheteros y al que perseguían desde hacía 15 años.

En el FBI sabían que Ojeda Ríos no era un hombre de rendiciones. Ya se lo había demostrado en 1983 cuando fue arrestado, no sin antes haberse batido a tiros con los agentes. Quedó en libertad en 1990, con un grillete electrónico que se quitó poco después para regresar a la clandestinidad.

Por ello, Estados Unidos había dispuesto de dos centenares de agentes para intentar la captura de este hombre de 72 años, enfermo del corazón, que había recorrido el mundo al grito de ‘¡Puerto Rico, libre!’. Precisamente por sus reclamos de independencia, el FBI lo acusaba de terrorista.

Tras una larga balacera, Filiberto fue herido de gravedad y capturado. Horas más tarde, morirá desangrado porque los agentes estadounidenses decidieron no permitirle el acceso a la ayuda médica.

Silencio en las aulas
Ese día, Luis Díaz estaba como maestro de historia en un colegio católico para niñas de clase alta, pero que no resultó inmune a la repercusión social de la muerte de Filiberto Ojeda.

Varias de sus alumnas se le acercaron para preguntarle por qué tildaban de terrorista al líder de Los Macheteros. No todas creían las versiones de sus padres y las autoridades. Así, el maestro de historia ofreció una versión diferentea las niñas, más cercana a lo que ellas sospechaban.

Un par de días más tarde, Luis Díaz fue llamado a la oficina del director, quien le prohibió expresamente hablar del tema de Filiberto Ojeda y de los independentistas, y le ‘sugirió’ que si volvían a preguntarle, que mejor no respondiera.

En 20 años de carrera magisterial, Luis Díaz, quien también es un reconocido cantante de ‘hip-hop’, no ha podido permanecer más de tres años en una misma escuela por ser un promotor de la lucha independentista de Puerto Rico.

La libre autodeterminación
Y es que la independencia sigue siendo tarea pendiente en ese territorio del mar Caribe.

Desde 1952, Puerto Rico es un Estado Libre Asociado (ELA) de Estados Unidos, una categoría que entra en la denominación de territorios no incorporados (‘Unincorporated territory’), con la que se designa a todos aquellos lugares que, aunque se encuentran bajo la soberanía estadounidense, no forman parte de su territorio nacional.

Oficialmente, Estados Unidos no considera colonias a esos territorios, aunque Samoa, Islas Vírgenes y Guam aún figuran en una lista establecida por la ONU para los territorios no autónomos.

Sobre el estatus legal de Puerto Rico, el Comité de Descolonización de la ONU ha emitido 37 resoluciones que reclaman el derecho a la libre autodeterminación de la isla.

En este sentido, la más reciente, publicada el 18 de junio, hace hincapié “en los graves problemas económicos y sociales de Puerto Rico”, incluidos el desempleo, la insolvencia y la pobreza, para solicitar al Gobierno de EE.UU. que facilite “la realización del derecho de los puertorriqueños a la autodeterminación”.

Hablando ante el comité de Naciones Unidas, previo a la aprobación del documento, Oscar López Rivera, un político puertorriqueño liberado por Estados Unidos en 2017 luego de 35 años tras las rejas, preguntó por qué la Asamblea General “aún no había abordado la erradicación del colonialismo en Puerto Rico” y pidió investigar “las nefastas actividades” estadounidenses en los últimos 120 años.

El estatus de Puerto Rico
El término de Estado Libre Asociado (ELA) “no es muy distinto de otros inventos estadounidenses como los derivados de la ley Jones”, explicó en entrevista con este medio Luis Díaz. El historiador puertorriqueño se refiere a la ley Jones-Shafroth, firmada por el presidente Woodrow Wilson en marzo de 1917, según precisa el sitio web de la biblioteca del Congreso de EE.UU.

Un texto legal que, por una parte, concedió la ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños, pero sin que gocen de todos los derechos derivados de ella, y por otra, conservaba para el presidente de Estados Unidos el poder de vetar cualquier ley aprobada por la legislatura elegida en la isla.

Adicionalmente, Washington mantiene el control sobre los asuntos fiscales y económicos de Puerto Rico, así como de su correo, los servicios de inmigración, la defensa territorial y otros asuntos gubernamentales básicos.

Luis Díaz apunta que el “‘territorio no incorporado’ es una categoría mentirosa, ya que públicamente se presentan como territorios estadounidenses, pero no son poblaciones que vayan a ser incorporadas a esa república”.

Una voz sin voto
El hecho de poseer la condición de ELA tampoco le otorga a la isla el derecho a los dos senadores que eligen cada estado de EE.UU. ni a los representantes que les correspondería. Luis Díaz considera que, de hacerlo, la isla “tendría una delegación muy numerosa” debido a que su proporción poblacional es mayor que la mitad de los estados de ese país.

“Solo tenemos un ‘comisionado residente’ en Washington, un disparate legal. Se trata de un representante de Puerto Rico que tiene derecho a hablar en el Congreso pero que no puede votar, ni siquiera por su propias propuestas”, señala el historiador.

Para acentuar la relación de dependencia, añade Luis Díaz, Washington estableció en 2016 la Junta de Control Fiscal, una instancia que únicamente ha logrado “que el carácter del ELA sea más risible aún, dejando al descubierto que quienes gobiernan en Puerto Rico son los americanos. Antes había una ilusión, y votábamos para escoger un limitadísimo gobierno pero que ahora tiene por encima una estructura como la junta”.

¿La vitrina de la democracia?
En la actualidad, considera el historiador, “la mayoría de las personas no entiende lo que significa ser un Estado Libre Asociado de Estados Unidos”. Desde su creación, esta figura fue promocionada “como una especie de garantía de seguridad económica” con respecto a los países de la región. Incluso, agrega Díaz, “se llegó a llamar ‘la vitrina de la democracia'”.

Con Puerto Rico, Estados Unidos pretendía mostrar a los países inclinados hacia el comunismo o las ideas liberales de socialización de las riquezas “que alinearse a sus intereses era algo positivo”.

Sin embargo, a la fecha, “no hay ningún tipo de acuerdo especial que permita más empleos o una estructura económica saludable”, dijo Luis Díaz. Esta afirmación del historiador coincide con los datos publicados por el diario Nuevo Día, en los que asegura que la deuda pública puertorriqueña “ha aumentado dramáticamente” desde 1970, hasta ubicarse en 70.740 millones de dólares.

La independencia de EE.UU.
Luis Díaz opina que Estados Unidos, “por voluntad propia”, no soltará las amarras de la isla. “Sin un reclamo masivo y contundente, parecido a lo ocurrido cuando sacamos a los marines de Vieques o cuando sacamos a Oscar López Rivera de la cárcel, será bien difícil que los americanos liberen unilateralmente a Puerto Rico como su colonia”, puntualiza el historiador.

Aunque los puertorriqueños conservan intacta su identidad nacional, los efectos de más de 500 años de coloniaje son evidentes. “El autodesprecio hace que mucha gente crea que sin los americanos no podemos, que es imposible ser independientes. A eso se suma el miedo a la persecución política sembrada en el subconsciente de la población alrededor de las ideas independentistas”, añade el historiador.

El referéndum de 2017
En junio de 2017, mediante un referéndum no vinculantemás del 97% de los votantes estuvieron a favor de la anexión de Puerto Rico como el estado 51 de EE.UU. y menos del 2% votó a favor de la independencia, aunque solo participó el 23% de la población. En este sentido, el actual gobernador de la isla, Ricardo Roselló, ha pedido públicamente que Puerto Rico se convierta en un estado más de la nación norteamericana.

Luis Díaz está convencido de que el Estado Libre Asociado no ha podido acabar con el sentido de pertenencia, ni con la cultura caribeña, “al contrario, la resistencia y el nacionalismo cultural en Puerto Rico es muy fuerte, a pesar de la influencia estadounidense. La defensa de la cultura siempre fue una punta de lanza de la resistencia independentista”.

Aunque no esté escrito en ningún texto legal, Luis Díaz asegura que enseñar independentismotiene sus consecuencias: “La historiografía puertorriqueña niega los eventos históricos relacionados con los movimientos independentistas. Yo lo he vivido. Enseñar la independencia te puede costar caro, pero yo lo enseño y lo canto con dignidad”, concluye.

Ernesto J. Navarro

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