Del Castillo: «El Apra se va a unir para recuperar espacios»

En el segundo gobierno bajó la pobreza, disminuyó la anemia, mejoró mucho las condiciones de trabajo de la población".

El trágico desenlace dejo en suspenso a todo el país. Aquí, Jorge del Castillo reflexiona sobre la presencia del expresidente en su partido y el país.

¿Cuándo fue la última vez que conversó con Alan García?

Teníamos una reunión hoy a las 9:00 a.m. Los últimos días estábamos en permanente contacto, el martes nos comunicamos por WhatsApp.

Todo fue rápido, el pedido de detención y el desenlace.

Así es, rápido y fatal. Nos extrañó la orden de detención pues no sabemos cuáles son las pruebas objetivas. La fiscal de la Nación dispuso investigación y García se puso a derecho.

El allanamiento es parte de las diligencias fiscales.

El fiscal Pérez, no obstante la muerte del expresidente, siguió allanando la casa cuando podía lacrarlo. Eso es una falta de respeto. Sobre el cadáver de García se realizó esa diligencia, en una expresión de odio.

Desde el martes corrían los rumores de una posible detención. ¿Lo sabían?

Sabíamos de esos rumores, pero estábamos tranquilos pues no existe ninguna prueba contra Alan. Habrá contra otros, pero no contra él. Todo era pura especulación. No había elementos para una detención. Hacerlo en vísperas de Semana Santa era para humillarlo, iba a ser un vejamen innecesario.

En las redes sociales hay fuertes cuestionamientos por el suicidio.

Las muestras de odio y falta de respeto son consecuencia de una campaña de mucho tiempo de gente envenenada, que no respeta la muerte.

Usted fue uno de los que estuvieron más tiempo con García.

Fui su abogado y amigo. Me nombró ministro en su gobierno. Hemos trabajado juntos muchas cosas y hemos mantenido la amistad hasta el final.

¿Cuándo se inició esa amistad?

Se inició a nivel partidario cuando éramos muchachos. Después que fui alcalde de Barranco, el año 1985 me nombró prefecto de Lima. El 2006 Alan me designa primer ministro. Pasé todas las etapas del partido con García, las etapas buenas y también las malas.

¿Cuáles fueron esas etapas?

Las buenas en el segundo gobierno, trabajando en favor de la ciudadanía, y las malas con la persecución que lo obligó a asilarse en Colombia.

¿Qué representa Alan García para el Apra?

Mucho. Fue presidente del Perú dos veces, lo que es un suceso muy importante en cualquier país del mundo. En época electoral fue el tren que empujó el partido hacia adelante con su liderazgo indiscutible. Tuvo una trascendencia enorme. Se ganó el cariño de buena parte del pueblo peruano, más allá del Apra, aunque también tiene sus detractores.

Sus dos gobiernos fueron muy distintos.

Como presidente logró resultados sociales y económicos de primer nivel en el gobierno que yo lo acompañé. En el primer gobierno hubo cosas malas, pero también cosas buenas. En el segundo bajó la pobreza, disminuyó la anemia, mejoró mucho las condiciones de trabajo de la población.

¿En el segundo corrigió cosas del primer gobierno?

Se convirtió al Perú en un país elegible. Avanzamos mucho en el aspecto económico, se generó empleo y se ejecutaron obras públicas. Fue un logro que se forjó con una lucha de mucho tiempo.

¿Se fue del país por el autogolpe o por las denuncias en su contra?

Tuvo que salir del país al ser perseguido tras el autogolpe de Fujimori en 1992. Por entonces se gestionó ante la embajada de Colombia para que le conceda el asilo. Cuando regresó en enero del 2001, tuve el honor de entregarle la bandera peruana en la Plaza San Martín, donde dio un memorable discurso.

Nunca pudo demostrar su inocencia por las acusaciones de corrupción.

No se le pudo mostrar nada y en esta última etapa quisieron meterlo en prisión sin ninguna prueba concreta.

¿Qué va a pasar con el Apra sin Alan García?

Tenemos un juramento por la unidad y la fraternidad. El Apra se va a unir para recuperar espacios en la escena política.

Dijo que siempre hay una posibilidad de reinventarse. ¿Había la posibilidad de una candidatura?

Él no tenía intención de postular a nada. Solo quería pasar a la historia.

¿La politización de la justicia ha llegado a su punto más extremo con García?

Hemos visto una posición de abuso del derecho. Hay un protagonismo exacerbado. Lo que se pretendía es, sin ninguna prueba objetiva, ordenar su detención de 10 días. En ese tiempo se iba a producir la declaración de Barata y, en el supuesto que diga algo, los fiscales alucinaban que ya lo tenían en sus manos para pasarlo a prisión preventiva. Muy mal.

¿Si estaba seguro no era mejor enfrentar el juicio?

Fue una maniobra para vejarlo ante la opinión pública, dejar mal la memoria de una persona sin ninguna prueba objetiva. No hay ninguna cuenta. Por eso Alan siempre mostró su confianza en que Barata no iba a decir nada, pues no había hecho nada ilegal. Confiaba mucho en que no iba a pasar nada.

¿Cómo se debe recordar al expresidente?

Como una persona del pueblo. Ambos fuimos del mismo distrito de Barranco. Se le debe recordar como un muchacho de barrio, como era yo, con un trabajo de compromiso social. Muchos lo trataban como una persona soberbia, pero era una persona muy sencilla y por eso atraía mucho a la gente.

Siempre se le veía sonriente, alegre, ¿ese era su carácter?

Así era. Le gustaba cantar, compartir momentos de alegría y buen humor. Incluso en su última entrevista en televisión (RPP) dio muestras de ese buen humor. (LR)

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